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domingo, 2 de noviembre de 2014

PADRE NUESTRO POR INDULGENCIAS Y LIBERACIÓN DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO DICTADO A SANTA MATILDE



El Señor Jesús, en el octavo día de la novena de la Miserivordia, dice a Santa  Faustina:

Tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi  misericordia.

Que los torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio.

Todas estas almas son muy amadas por mí.

 Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi justicia.

Está en tu poder llevarles el alivio.

 Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con mi justicia




A la Beata Ana Catalina Emmerick

Ah, las pobres almas tienen tanto que sufrir a causa de vuestra negligencia, de vuestra piedad demasiado cómoda, por vuestra falta de celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Cómo se puede acudir en su ayuda, si no es con un amor activo que ofrezca por ellas esos actos de virtud que tanto descuidaron cuando estaban vivos.



 Padre Nuestro por las Benditas 
Almas Del Purgatorio


A Santa Matilde habiendo comulgado por los muertos, le dijo Nuestro Señor: Recitad por ellos un Padrenuestro. Delante del altar donde se celebraba el Santo Sacrificio, la Santa hizo la oración siguiente, y cuando la hubo terminado, vio una multitud de almas subir al cielo.


Padre Nuestro que estás en el cielo

Os ruego, ¡oh tierno Padre!, que perdonéis a las almas del Purgatorio el no haberos amado y rendido el culto de adoración y respeto que os es debido, a Vos, Padre bueno y misericordioso; y haberos alejado de sus corazones donde Vos deseábais habitar.

Para suplir sus faltas os ofrezco el amor y el honor de que vuestro divino Hijo os tributó en la tierra y la satisfacción infinita que os dio por todos los pecados de esas pobres almas.

(Recítese diez veces la invocación "Jesús mío, misericordia", y se ganarán cada vez 100 días de indulgencia por las benditas almas del Purgatorio).


Santificado sea tu nombre
Perdonad, tierno Padre!, os lo suplico, a las almas de los fieles difuntos, el no haber honrado dignamente vuestro santo nombre, haberlo invocado rara vez, o empleado a menudo con ligereza y haberse hasta avergonzado algunas veces, de perteneceros. Como satisfacción de este pecado yo os ofrezco la santidad de vuestro Hijo Jesucristo, su obediencia, su celo por haceros conocer, su afán por honraros durante su vida y por anonadarse delante de Vos en el altar.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!


Venga a nosotros tú Reino
Os ruego, ¡oh eterno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos, el poco celo en no haber deseado con bastante fervor y anhelado con afán la grandeza de vuestra gloria...! Ellas habrían podido tan fácilmente haceros amar instruyendo a los niños, llevando por el camino del bien a los que ellas amaban! Para expiar su indiferencia, yo os ofrezco los santos deseos de Jesucristo, en el celo que El ha tenido por la nuestra aún en el altar.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!


Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo
Os suplico ¡oh Padre!, que perdonéis a las almas religiosas, al haber preferido algunas veces su voluntad a la vuestra y no haber amado en todo y de una manera perfecta vuestro deseo que se manifestaba por sus desobediencias y faltas de sumisión a las órdenes de sus superiores. Para reparar ofrezco la unión del dulcísimo Corazón de Jesús con vuestra voluntad, la pronta y generosa obediencia que presta al Sacerdote viniendo al altar y la perfecta oblación de este divino Hijo que lo llevó hasta la muerte y muerte de cruz.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!


Dadnos hoy, el Pan que Nos Corresponde
Os ruego, ¡oh Padre tierno!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos el no haber recibido el Santísimo Sacramento del Altar con los deseos, la devoción y el amor que El merece; el haber omitido por negligencia, cobardía o respetos humanos muchas comuniones que Vos les ofrecíais. Para expiar estos pecados, yo os ofrezco
la santidad de vuestro Hijo Jesús, el amor ardiente y el deseo inefable que le llevó a daros el precioso tesoro de
su Cuerpo y de su Sangre.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!


Perdonad nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a los que nos adeudan
Os ruego, ¡oh Eterno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos los pecados en los cuales cayeron, no perdonando fácilmente; guardando algún rencor, alimentando ligeros pensamientos de venganza.
Por esos pecados yo os ofrezco la oración tan tierna y tan amorosa que vuestro Hijo Jesús hizo en la Cruz por sus enemigos.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!

No nos dejes caer en tentación
Os suplico, ¡oh tierno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos la poca fuerza que opusieron para rechazar la tentación de sensualidad, reprimir la curiosidad de sus miradas, y cuidarse de algunos goces peligrosos. Para expiar esta multitud de pecados, yo os ofrezco las fatigas de Jesús, sus lágrimas, sus mortificaciones y sus humillaciones en el altar.

DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!


Y líbranos del maligno, libradnos del mal.
Sí, Dios mío, libradlas del mal que soportan esas santas almas, en otro tiempo culpables, ahora tan arrepentidas y resignadas; libradlas por los méritos de Jesucristo.

Y Vos, ¡oh Salvador, tan lleno de misericordia! Vos que estáis sobre este altar, tened piedad de sus lamentos y de sus lágrimas. Ellas se unen a mí para clamar hasta Vos durante su vida y olvidad las faltas que la fragilidad de nuestra naturaleza les hizo cometer.



DIEZ VECES: ¡JESÚS MIO, MISERICORDIA!



Cada vez que Santa Matilde rezaba esta oración ella veía ejércitos de jóvenes almas entrar al Cielo.


Esto sucedió en Suiza en Einsiedeln, lugar de peregrinación mariana; era invierno, un día de la semana y la iglesia estaba casi vacía; Aloisa rezaba con sus padres: Mirando hacia el altar principal, advirtió la presencia de una religiosa muy mayor, vestida con un hábito muy antiguo, de una época lejana. Se dirigió hacia ella y la religiosa le entregó un pliego de oraciones que introdujo mecánicamente en su bolsillo.

Se produjo entonces algo sorprendente, la puerta de entrada se abrió de repente y Aloisa vio entrar a una muchedumbre de peregrinos, todos pobremente vestidos, que caminaban con pasos silenciosos, como fantasmas: un río de peregrinos de una longuitud casi interminable entraba en la iglesia; había un sacerdote que les indicaba el camino.

La campesina se preguntaba con extrañeza como como iba a caber esa enorme muchedumbre en la iglesia.
A continuación se giró un corto instante para encender un cirio y, cuando volvió a mirar hacia atrás, la iglesia estaba tan vacía como al principio.
Llena de asombro, preguntó a sus padres donde se había ido toda esa gente. Pero ninguno de los que la acompañaban había observado el desfile de peregrinos ni había visto a la religiosa.
Sin entender lo que sucedía, buscó en su bolsillo el pliego que le habia entregado la religiosa; este pliego que tenía entre sus manos le demostraba claramente que en modo alguno había soñado que todo era una realidad. Contenía una oración que el Señor Jesucristo había enseñado antaño a Santa Matilde, en una de sus apariciones. Era el Padrenuestro de Santa Matilde por las almas del Purgatorio.
Cada vez que Santa Matilde recitaba esta oración, veía legiones de almas del Purgatorio subir al cielo.

¡Hagamos este obsequio a las Almas!









LA SANTA BIBLIA FUE HECHA POR LA SANTA IGLESIA CATÓLICA............DAR CLICK EN LA IMAGEN

PADRE NUESTRO TU QUE ESTAS EN LOS QUE AMAN LA VERDAD

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